Abril 2008 - Año 8 | Nº 133
 
 

Editorial
Frases hechas

Tres temas aparentemente inconexos: la renuncia del ex-intendente Alberto Icare, el proyecto de edificación de un supermercado en el km. 13 y el affaire Lewis con la construcción de una pista privada para uso personal en Sierra Grande.
Desarrollemos brevemente… Primero: el intendente Icare se presenta a elecciones municipales en octubre último y triunfa, renovando su mandato por cuatros años más. En noviembre, tras una larga licencia, renuncia por los ya conocidos motivos de salud. Elecciones de nuevo… Segundo: a 13 kilómetros de la oficina municipal, la empresa de supermercados La Anónima inicia una tala masiva sobre un predio con el fin de construir una nueva sucursal. Todo estaba en orden según la Subsecretaría de Planeamiento de la Municipalidad… hasta que los vecinos protestaron. Finalmente: a más de 500 kilómetros de distancia, el propietario de “Hiden Lake S.A.” erige allí una pista de aterrizaje privada. Las condenas surgen con un pedido de informes al Poder Ejecutivo Nacional, pedido que aún no ha sido contestado.
No sé si se alcanza a ver el punto en común, pero bien podríamos decir que estos tres problemas son el mismo problema. Me refiero a esa manera de hacer (o no hacer) política en la Argentina, de la que nuestra provincia y, por supuesto, nuestra ciudad, no están ajenas. El tema es el mismo: los políticos gobiernan a espaldas del pueblo, y el pueblo (esa abstracción) reacciona, como por desesperación, ante hechos consumados. La política no puede ser extraña al cotidiano vivir, no puede substraerse a la necesidad de la gente ni puede usarse como medio para fines personales o partidarios-corporativos. Ya lo sabemos, no es nada nuevo. Pero nunca está de más recalcar lo que no es tan obvio: las situaciones son coyunturales (hoy podemos luchar por un predio, mañana por una crisis económica, pasado por un escándalo de gabinete), pero las políticas detrás de esas situaciones son siempre las mismas. De ahí que ya nada nos extrañe en la Argentina de hoy.
No obstante, la pérdida de la capacidad de asombro no debería afectar la capacidad de análisis. En mayo, volveremos a votar y, como puede leerse en nuestra nota central, eso implicará una erogación no menor de parte de nuestra comunidad. El gasto, que saldrá de nuestros bolsillos, ¿podría haberse evitado? Ciertamente. Si bien me abstengo de criticar los motivos que llevaron a Icare a renunciar, no me abstengo de sostener que su actitud fue por demás irresponsable, así como la de todos sus colaboradores (aunque también ciertos opositores) que sólo vieron en él un instrumento para perpetuarse en el poder. ¿Acaso no sabía el ex-intentendente que no podría siquiera abordar un nuevo mandato? ¿Podemos pecar de ingenuos al aceptar la versión oficial de que esto fue inevitable? Los políticos, esa extraña raza que tanto se parece a los ciudadanos, saben que el pueblo ya se ha acostumbrado a la impunidad. Saben que la gente prefiere no pensar en ciertas cosas, no “darse manija” con otras, y que la cosa sigue como está. Ya es hora de cambiar eso. No sé si el voto castigo sirve o no, pero es la única arma que tiene el pueblo frente al envilecimiento de la república. De la misma manera, opto por creer más en la viveza corrupta de los funcionarios que en su falta de idoneidad al momento de cometer “errores” como el de habilitar una tala salvaje para la construcción de un emprendimiento comercial o la expropiación de tierras para proyectos de particulares.
“La Argentina está en venta”, sostienen algunos. Quizá, pero lo que es seguro es que ciertos argentinos (sobre todo, algunos que dicen representarnos) ya se vendieron hace mucho.
Como bien supo decir el gran Voltaire: “Debe ser muy grande el placer que proporciona el gobernar, puesto que son tantos los que aspiran a hacerlo”.

El Editor
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