Fotógrafos argentinos/// Ataúlfo Hernán Pérez Aznar
La mirada antropológica
Ataúlfo Hernán Pérez Aznar es fotógrafo y además, en octubre de 1980, creó la fotogalería Omega, en La Plata, ciudad donde nació hace 53 años. Empezó a mirar el mundo cámara en mano siendo un niño, y a esta altura tiene más de 30 muestras propias armadas y otras tantas de varios artistas, que recorren el país y el extranjero. Cuando está en La Plata se ocupa del Centro de Fotografía Contemporánea que es la vieja galería Omega que creció en actividades y espacio físico a partir de los ’90, y sino, viaja para d ar seminarios, charlas, presentar muestras, hacer proyecciones de sus trabajos y de otros fotógrafos. Antes de venir a Bariloche estuvo en Buenos Aires en el Festival de la Luz, y en Montevideo, y después lo esperaban en Tucumán. En nuestra ciudad participó del Mes de la Fotografía, dio un seminario sobre fotografía documental, presentó la muestra Punta Lara (que puede verse en la sala Choneck del Centro Cívico hasta el 25 de octubre) y recibió una distinción honorífica por parte del Concejo Deliberante. En la inauguración de la exposición charlamos con este artista platense que, entre otras cosas, ayudó a provocar un quiebre estético en la fotografía argentina.
Omega fue la primer fotogalería del país y en los ‘80 pasaron por ahí fotógrafos que hoy son famosos, como Marcos López u Oscar Pintor. Ataúlfo se define antes que nada como fotógrafo y cuenta que a fines de los ‘70 se dio cuenta que (también en ese ámbito artístico) lo que hacía falta en la Argentina eran lugares libres de censura. “Algo que quizás hoy es difícil de entender -dice el platense-, pero cuando me empecé a dedicar a la fotografía lo único que existían eran los fotoclub, y lo que se mostraba eran fotos de concurso, como una competencia deportiva, todos estaban dentro de la misma estética, se copiaban unos a otros, y a mí eso no me interesaba.” Esta estética del fotoclub era “totalmente pictoralista, fotos muy habituales eran las de chicas lindas con capelinas, o desnudos con trasparencias. Ni siquiera fotografiaban paisajes porque consideraban que para que una foto sea artística tenía que tener cierto grado de manipulación, de intencionalidad evidente”.
Si los integrantes de los fotoclubs se arrobaban el derecho de ser fotógrafos artistas, “hoy por hoy –retruca Ataúlfo- hay excelentes fotógrafos argentinos que a través de su propia obra y sin ninguna necesidad de autodefinirse demuestran lo que es la fotografía”. Y define que, para él, hay interés en ver muestras pero quizás para que haya cultura de ver fotos “hace falta una mirada más crítica, hace falta que surjan críticos de fotografía que no los hay, hace falta que los medios le dediquen un lugar”.
La fotografía para este artista es “algo tan simple como un medio de expresión, porque lo importante no es la fotografía sino las personas que tienen una necesidad de expresarse sobre la sociedad con la que conviven, el mundo que los rodea, y eligen la fotografía como modo de expresión. La fotografía no es más que eso, un medio. Está en nosotros que lo utilicemos correcta, libre y creativamente para lograr obras de arte.” La independencia y la sinceridad hacia sí mismo aparecen como factores fundamentales en la vida de Ataúlfo, que afirma que no sólo en la fotografía sino también “en los otros aspectos de mi vida, siempre traté de hacer lo que creía conveniente, asumiendo los riesgos que eso implicaba, y en algunos momentos llovían palos; pero realmente me causa alegría, regocijo, cuando en cualquier parte del país o América Latina, surgen personas de la nada que reconocen fotos mías que vieron en una revista, en un diario, en una muestra, hace 10, 15, 20 años”. Relacionado con esto, reflexiona: “Todo el arte es para establecer un diálogo, y los diálogos son personalizados, cuando uno pretende dialogar ‘con las masas’ por decirlo de algún modo, es que desteñiste demasiado tu discurso, como Palito Ortega en la música, y a mí no me interesa, yo opté por la fotografía porque mi vida pasaba por otro lado y para poder hacer las cosas como creía conveniente y no dar concesiones. Y trato de mantenerme en ese camino. Más que la fotografía para los fotógrafos a mí me interesa la fotografía como parte de la cultura.”
Ataúlfo tiene una serie de fotografías de la muerte, otra donde retrata travestis a principios de los ‘80, un trabajo sobre desnudos… pero antes de contestar la pregunta que le hago sobre las temáticas que elige, reafirma una idea antigua pero demasiadas veces olvidada: “El trabajo artístico es independiente de todo, o sea no hay un artista que logre serlo si tiene una dependencia hacia algo, porque lo primero que te exige el arte es la libertad. Del fotoperiodismo, por ejemplo, salieron excelentes fotógrafos pero, justamente, fueron los que lograron ese quiebre, los que pudieron identificar lo que era el trabajo y lo que era su obra.”
Sobre sus temáticas recurrentes, dice que más bien es una sola, el ser humano, porque, cuenta, “una característica de mi fotografía es una mirada antropológica. La diversidad, lo conflictivo, lo contradictorio, lo que hace que todos seamos distintos y únicos. Eso me fascina. Pero los tratamientos son de lo más amplios. Acá en Bariloche estoy exponiendo un trabajo que se llama Punta Lara, que es un lugar que queda a 15 km de La Plata, y es a donde va la gente de escasos recursos, del Sur de Buenos Aires. El esparcimiento me parece un tema más que interesante, y también lo he tratado en otro trabajo de más largo aliento que se llama ‘Mar del Plata, ¿infierno o paraíso?’. Todos los temas en los que está involucrado el ser humano son de mi interés. Tengo una serie de la muerte. Hay muchos trabajos porque tengo una producción bastante numerosa, el único tema que por ahí se aleja un poco, pero desde lo conceptual, es el desnudo. A diferencia de esto que te estoy nombrando donde no armo las situaciones sino que son producto de la propia realidad, en el desnudo hay cierta puesta en escena, más allá que yo abordo la naturalidad de los personajes, es más retrato desnudo que desnudo clásico”.
Otra de sus actividades es la docencia, así que aprovecho y le pido una sugerencia sobre qué mirar y cómo frente a una foto. Reflexiona: “la fotografía en cierta medida es como la palabra y cuanto más profundicemos su aprendizaje más le podemos extraer. Para la gente, a diferencia de otras disciplinas como la pintura por ejemplo, la fotografía no es tan hermética, porque de alguna manera es la representación de la vida, pero para poder ir a fondo y disfrutarla plenamente es necesario manejar ciertos aspectos del lenguaje que te permiten ver cosas que de otro modo resulta difícil. La fotografía te cuenta cosas, si sabés hacer las preguntas correctas. Me he dado cuenta que a través de la fotografía uno puede aprender del mundo muchas más cosas que de otras disciplinas, es saber leer y saber extraer información de todo tipo, histórica, cultural, sociológica.”
La invitación está hecha, la muestra ‘Punta Lara’ está en la sala Choneck, casi 20 años en fotos que no hablan de un lugar, sino de la gente. Un viaje introspectivo, donde el sujeto observado puede no estar en el papel fotográfico.
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