Noviembre 2008 | Año 8 | Nº 136
 
 

CRONICAS NOCTÁMBULAS
NOCHE DE SABADO

Bravito es el sábado a la noche si andás con el ánimo por el piso. Fiesta por todos lados y vos preguntándote el sentido de tu existencia. Sí, es muy peligroso si uno no anda con cuidado. Y sobre todo si uno pretende encontrar respuestas en lugares equivocados.noche-01

Sin embargo me animo a dar la “vuelta al perro”. Hacía rato que no caminaba por la calle Juramento a estas horas. Salgo del bar y la calle angosta me recibe. Mientras camino, graffitis, dibujos y stencils acompañan la escena. Un tema de Bob Dylan me despide del bar como banda de sonido de fondo. Llego a San Martín. Todavía no está la señora con el carrito de hamburguesas que le salvará la vida a más de uno cuando el bajón sea carne a altas horas de la madrugada. Las campanas del reloj del centro cívico avisan que ya se terminó el día, aunque la noche para muchos recién empiece.
Sábado a la noche. Despejado pero fresco (¿por qué el servicio meteorológico no usará la palabra fresquito?…es tan precisa). La constante celebración del clima en ésta ciudad que nos marcará para mañana lo que podremos y lo que no podremos hacer.

Llego a la puerta del boliche. Bellas jóvenes, arregladas como para un casamiento me reciben muy sonrientes y me cobran 20 pesos correspondientes a la entrada y mientras le pago veo que tienen en su cuello tantas cadenas como pecados tengo yo en el alma.
Hay gente, mucha gente. Y gente que no.
¿Qué falta? Nada. O tal vez todo.
Una de esas caras que identificás de algún lado, pero no sabés de donde, se acercó, saludó y me preguntó amablemente que me parecía todo…Por un momento me pareció oportuno aprovechar y despacharme con reflexiones acerca del mal gusto, pero le contesté con alguna ironía y otra estupidez más.

Empiezo a pensar que ya nada en la noche me sorprenderá. El alcohol ayuda en momentos así. Reflexiono sobre la actual salud mental del barman con todo éste ruido mientras le pido un fernet 70 de gaseosa y 30 de néctar. Especie de deja vu que será una constante al menos en ésta noche.

Mezcla rara de gente hay en el lugar. Mi nueva cara amiga y yo tratamos de identificar a conocid@s en medio de personas de todas las latitudes que pueblan el lugar. Y ahí es donde me interrogo (especie de patología adquirida, perdón!) en cuáles son las palabras (o frases) que pronuncien indefectiblemente todos los que compartimos el mismo código postal; “buenas”, “un peso con treinta”, (frase que mientras escribo estas líneas pasará al olvido rápidamente debido al doloroso aumento del boleto), “¿hay perros?” (cuando nos dan una dirección en algún barrio). Palabras que juntas dejan traslucir nuestra cotidianidad.
Todos esos empinados sofismos y derivados se evaporan súbitamente cuando me cruzo con dos garotas voluminosas como el tamaño de su país natal. Lo mais grande do mondo.

Dejo de recordar. Pido un trago. Una rubia me saluda a lo lejos. No sé quién es. Reconozco a un colega a la distancia. Una morena pasa apresurada y me empuja. Se da vuelta y me sonríe. Me gusta el tema que está sonando. La pantalla del lugar mnoche-02e distrae/ atrae del resto de las cosas. Comenzaron los brindis. Al principio cada uno de ellos tiene un motivo en particular. Después se brindará sólo porque sí. Brindamos. Mucho.
Entre copas, mi nuevo amigo me contaba con más señas que palabras que soñó anoche que un pronosticador de condiciones climáticas, comentaba en un noticiero televisivo las condiciones de alquiler en la ciudad. Nubarrones a la vista. Nada que envidiarle a la realidad.
Una sorpresa en la noche. Ya me puedo ir tranquilo. La rubia con sonrisa petrificada y pintada como una celta en pié de guerra me despidió al pasar con un saludo.

El comienzo del domingo no fue el mejor. Malestar estomacal me anunciaba  también a mí tiempos de tormenta. Tomé un taxi. El chofer buscó y buscó la conversación fatal. Lo logró. Y editorializó luego de que un cardúmen de estudiantes se le cruzara  abruptamente en el camino; “los jóvenes de hoy, ¿son o se hacen? En mis tiempos no éramos así…”.

Sí. El tiempo es relativo y más de madrugada. La noche puede ser la revancha de que a ese mismo día le hayan salido espinas. O puede ser que no. Alguien me enseñó que el arte y la cultura no salvan al mundo, pero sí que lo hacen más soportable. Empieza a amanecer.