Fotógrafos argentinos////PABLO AÑELI
“Por más que haya muchos fotógrafos, cada foto va a ser única.”
Pablo Añeli es reportero gráfico, se dedica a “cubrir” las noticias, pero más allá de la línea editorial que le marque el medio para el que trabaje, respeta y busca permanentemente su mirada particular, su propia “línea editorial”. Nació en Tandil, provincia de Buenos Aires, hace 38 años y no sólo se dedica al fotoperiodismo; en Bariloche, dentro del Mes de la fotografía, presentó su muestra “Objetivos”, que incluye fotos, pinturas y esculturas.
Añeli es silencioso, parece modesto, y pienso que debe ser tímido, pero también me genera otra sensación, algo que va más allá de estas primeras impresiones. Mientras nos sentamos para empezar el reportaje trato de entender qué es lo que me inquieta de este hombre que tengo delante. Creo que es, justamente, que aunque está sentado delante de mí da la sensación de estar en otro lado, o detrás de un algo. Aunque contesta mis preguntas, parece estar siempre detrás de la cámara. Es que Pablo Añeli es fotógrafo. Esa es la forma que eligió para ver y hablar del mundo, “para mí la fotografía es todo, es lo que le da sentido a lo que hago y por ende a mi vida”, dice, o más bien dispara, y me siento mirando un gran álbum de fotos, más que escuchando sus palabras.
El comienzo de Añeli como fotógrafo tiene una raíz familiar. Su padre era fotógrafo social en Tandil. “Aprendí la técnica de él, casi sin querer. Cuando fui a Buenos Aires a estudiar, a los 19, 20 años; me puse a hacer fotos con una cámara que me prestó mi viejo, en la calle… y empecé a ver que podía tener fotos que a mí me interesaban, no las que tenía como referencia, que eran las que hacía mi viejo, que eran fotos de sociales, de cumpleaños de 15. Cuando me encontré solo con las situaciones empecé a sacar fotos de cosas que me interesaban y a descubrir que también podía fotografiar otras cosas.” Las primeras fotos de este reportero gráfico fueron de personas, pero no posando sino que, cuenta, “me iba a los ferrocarriles y sacaba fotos a la gente y empecé a darme cuenta de esa relación que hay al fotografiar gente, y era un choque terrible tener que enfrentar a alguien con una cámara pero también era un desafío. No sé porque lo hacía, sentía la necesidad”. De a poco fue descubriendo que hay algo como un permiso tácito para hacer las fotos, cuando no sentía la aprobación del otro, no fotografiaba, esperaba o buscaba otra forma de lograr la foto que quería.
Después de sacar fotos en la calle, pasó a fotografiar recitales de rock: “empecé a ver que había otros fotógrafos. Volví a casa, hice unas copias y me fui a las revistas de rock a ofrecerse mis fotos y como les gustaron, las publicaron”. Su primer trabajo más o menos profesional fue para la revista "Rock en Blanco y Negro" en el año 1991. Pero recién se sintió un fotógrafo profesional cuando entró a trabajar en la revista ‘Humor’. “Fue un gran aprendizaje -cuenta- porque había un laboratorio ahí mismo, y era un poco más serio que la revista de rock. Éramos 3 fotógrafos, había un laboratorista, podíamos copiar y revelar ahí, conversábamos. Era un laburo de 3 ó 4 notas por semana. Seguíamos haciendo los recitales y después había personajes, reportajes durante la semana.” En su vida trabajó también para diarios como "La Razón" y "Clarín". Cubrió los conflictos en Bolivia y estuvo en Haití en el 2004; sobre esta experiencia recuerda: “nunca había estado en situaciones donde hay muerte y situaciones de violencia tan fuerte. Por suerte uno tiene el reparo de lo que hace”. Y a la pregunta de si se respetaba el lugar del reportero grafico en Haití, comenta “había momentos en que ya era tanta prensa que eso genera que el acontecimiento fuera otro, hay veces que estás solo y por ahí es más difícil. Pero depende de la situación. A veces que es mejor estar con otro y otras es mejor estar sólo porque tenés la exclusiva de la foto. Igual, cada uno tiene su propia visión, por más que haya muchos fotógrafos, cada foto va a ser única”.
Hablando sobre su trabajo de todos los días, resalta el lugar del editor. “Cada medio tiene su editor que es como un filtro entre el fotógrafo y lo que va a salir y son ellos los que deciden. También dependen del espacio que les den para las fotos. Uno no tiene mucho poder de decisión sobre lo que sale. Hay veces que uno defiende su laburo, a veces hay asperezas, pero no he llegado a discutir porque respeto mucho el trabajo de los editores, porque son personas que al no haber estado en el lugar tienen una visión más de afuera, más fría, pero a la vez tienen un concepto editorial que a la hora de decidir qué va, es más importante que el de uno que estuvo en el lugar sacando la foto, por ahí defendés una foto porque estás en caliente pero no es la foto que va”.
Tiene, como muchos, temáticas favoritas o recurrentes. Su trabajo habitual es lograr una síntesis de las noticias, pero que al ser 3 ó 4 temáticas diferentes entre sí las que le tocan cubrir en un solo día, termina por no profundizar en ninguna de las problemáticas. Y quizás por esto mismo, dice, últimamente busca fotografiar cosas que empiecen y terminen, para capturar el proceso fotográficamente. Lo último que hizo fue seguir el desarrollo de la réplica de la piedra movediza de Tandil. En cuanto a las temáticas que más le interesan están “la fotografía social, las manifestaciones o conflictos”. Le (y me) pregunto si para hay temas moralmente no fotografíables, defiende su profesión con lógica impecable: “La foto tiene un sentido, si la foto no está nadie hubiera hablado del tema fotografiado. Creo que hay que hacer la foto. Lo que pasó no es culpa del fotógrafo y lo que no se ve, no existe”.
Después de sacar la foto, está la imagen y el que la mira, ¿qué decirle a ese observador? ¿Se puede esperar algo de él? “Hay tanta invasión de imágenes – reflexiona Pablo- que no puedo decir nada. Si la foto te invita a verla o a una reflexión, me parece que sería bueno. Estaría bueno que una foto te invite a reflexionar o a pensar. En mis fotos trato que la luz, la composición, tengan una coherencia, trato de ser prolijo para que nadie me pueda decir está mal técnicamente, sino que diga si le gusta o no.”
Y qué dijo su padre, que también es fotógrafo, cuando empezó a trabajar de esto. Pablo sonríe antes de contestar, quizás porque la respuesta es como ver una foto, una escena familiar que sucede en la cocina a la hora del almuerzo. Cuenta: “mi viejo estaba contento, pero siempre discutimos porque tiene otro concepto de lo que es la fotografía, muy distinto al mío.”
Dentro de la muestra ‘Objetivos’ que trajo a Bariloche hay fotos de gente en la calle, en manifestaciones, caminando, siendo detenida por la policía, sacando fotos. Pablo tiene casi dos décadas fotografiando, y las personas parecen seguir primeras en su ranking de lo que le interesa.
Macarena Arrieta- Fotógrafa.
"La fotografía es una herramienta con la cual puedo expresarme honestamente.Hoy estoy comprometida conmigo misma desde la fotografía, es parte de mi vida, también es mi trabajo, pero en mí gana la parte de satisfacción personal más que la rentabilidad económica porque esta es la forma de expresarme que yo elijo, me siento cómoda y me deja crear con libertad. Además me divierto mucho haciéndolo.
En el mundo de la fotografía no hay límites externos, cada uno hace las fotos desde si mismo, no hay reglas ni obligaciones que seguir. Habrá distintas motivaciones y por lo tanto distintas fotos, esto depende de lo que queramos contar y como elegimos hacerlo.
Es notable como va variando el sentido de mis fotos de acuerdo a como me sienta, y esto hace que mi atención varíe en cuanto a temas y a forma de contar. Hoy estoy entusiasmada con fotografías abstractas porque no puedo tener un concepto abarcativo de todo lo que me sucede, entonces fragmento, y esto lo veo claramente en mis fotos, voy a los detalles, ya habrá tiempo de ir más allá y juntar las partes del todo…
Se puede hablar de la técnica de la fotografía, pero en una foto esa técnica es solo un recurso más para ser explotado por la creatividad de cada fotógrafo.
Creo que se destacan los fotógrafos que además de ser expresivos, lo hacen con respeto.
Hay algunos que siempre me gusta recordar y son muy distintos entre ellos: Brassai porque cada vez que veo sus fotos me sorprendo; Nan Goldin porque es espontánea y sincera; Sebastián Salgado por su compromiso social constante.
Marcelo Ambres - Fotógrafo
“Tarea difícil la de buscar una definición personal de la fotografía. Igualmente, me animaría a decir que para mí se trata del arte de fijar para siempre una realidad, un “instante decisivo” como lo definió el fotógrafo Henri Cartier-Bresson en los años ´50. Mi relación con la fotografía empezó de muy chico, siempre me atraparon las fotos de los periódicos y también la de muchas revistas. Gracias a que mi hermana, diez años mayor que yo, es fotógrafa, apenas tuve mi primer contacto con su cámara réflex e hice mi primer disparo, mi ojo derecho guardó en su retina esa increíble y placentera sensación que produjo el pestañeo de las cortinillas. El tiempo pasó y, apenas pude adquirir mi primer equipo fotográfico, decidí tomar a la fotografía como forma de expresión. Desde ese momento, intento transmitir sensaciones por medio de las imágenes que voy captando. Las temáticas fotográficas a las que uno recurre, son muy cambiantes y dependen de muchos factores. El entorno natural y las estaciones bien marcadas que regala Bariloche quizás me hacen tirar para el lado de una fotografía más de naturaleza, pero también la ciudad y sus personajes me resultan cada vez más atractivos. La música también es muy interesante a la hora de fotografiarla, en definitiva, los temas a fotografiar son ilimitados y surgen a cada rato.
La fotografía forma parte de mi vida cotidiana. Está al nivel de todas las cosas que son gratas encarar en el día a día.
Creo que no existe una sola forma de llegar a ser fotógrafo. Estudiar, realizar cursos, talleres o seminarios ayudan al constante perfeccionamiento y al fogueo con otros colegas. También pienso que hay una parte en la formación fotográfica que es muy autodidacta: ver fotos, pensar como fueron sacadas, forjar ideas de lo fotografiable, etc. La única clave, pienso, es saber lo que uno quiere hacer al momento de disparar la cámara.
Si cuando hablan de fotógrafo profesional, se refieren a aquel que realizó una carrera terciaria y se recibió con ese título: estoy de acuerdo, esa persona lo es. Ahora bien, si se refieren al profesional como aquel que toma la fotografía como profesión, es decir, “vivir” de ella, intuyo que todos los que estamos luchándola con nuestra camarita anhelamos a esto. ¿A quién no le gustaría vivir de lo que ama? Al menos yo, aspiro a eso.
Si tengo que nombrar a tres “maestros” diría: Sebastián Salgado, por su realismo; Marcos López, por el pop; y al ya mencionado Cartier-Bresson, por su particular virtud de haber estado en el lugar indicado en el momento indicado”. |